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Pandilleros de Canovelles deciden reparar sus propios estropicios…


Saben ustedes que solo suelo colgar cosas de mi ciudad, Barcelona. Pero hay ciertas noticias que merecen una especial ( sino toda) preferencia. Te llenan de alegría y de esperanza ; hacen que uno piense que no todo está perdido. Les quiero hacer partícipes.
A los jovenes les falta ilusión (porque el sistema se encarga de quitarsela lentamente).
Canovelles es una población a extraradio de Barcelona. Como muchas (como todas, más bien diría), creció a la sombra de la industria y la inmigración, y como tal sufre ahora un problema nacional, el paro.
Les dejo la noticia que me ha llenado de ilusión. Hoy es un gran día, para mi, … un gran día…

…” Sorprendente reacción la que ha mostrado el numeroso grupo de jóvenes pandilleros de Canovelles (Vallès Oriental) que han decidido unir esfuerzos y reparar los estropicios que ellos mismos habían provocado en el parque de Can Carrencà, un punto habitual donde por la noche confluyen medio centenar de adolescentes que a diario acaban provocando las denuncias del vecindario. El consistorio apoya los programas de integración social alternativos.
El primer día que el dinamizador juvenil de Canovelles, Joan Carles Tapia, decidió acudir de madrugada a Can Carrencà para estudiar la problemática que generaban los grupos de adolescentes latinos, españoles, marroquíes y subsaharianos, no sabía cuál sería la reacción de los pandilleros, muy diferenciados en bandas callejeras que se repartían el territorio del parque municipal. En los contactos siguientes el dinamizador les dio a conocer “fórmulas lúdicas distintas que podían integrar en su quehacer diario” para reconducir la situación. Tal era la conflictividad en Can Carrencà de Canovelles que los servicios sanitarios debían acudir casi a diario para atender intoxicaciones etílicas.
Al poco tiempo, los jóvenes, todos entre 17 y 18 años, excepto los subsaharianos que superan los 20 años, optaron por abandonar su refugio en el parque para acudir al Casal de Joves “que abrimos expresamente para ellos” durante la noche. Allí, según el dinamizador “se integraron perfectamente” e incluso empezaron a pulir la convivencia entre grupos jugando al futbolín, al ping-pong o a la wi. Fue precisamente en uno de aquellos encuentros donde surgió la idea de reparar, dentro de sus posibilidades, los destrozos que habían causado en el parque.
Durante varios días grupos de jóvenes trabajaron incansablemente para limpiar sus propios excrementos, los restos de alimentos y bebidas de las fiestas, reparar las papeleras destrozadas, borrar las pintadas y adecentar el entorno del parque. La iniciativa fue tan bien acogida en el Ayuntamiento que aportó el material necesario para que el grupo se pusiera manos a la obra hasta lograr adecentar una zona en la que se perpetúa el botellón, el consumo de cannabis y los grafittis. Pero aquella no fue la única iniciativa espontánea, los vecinos enfrentados con los grupos marginales supieron agradecer su acción de arrepentimiento y mientras duró la limpieza del parque “les bajaron comida y bebida”.
Hasta la policía local, con centenares de multas impuestas a los moradores nocturnos del parque por incumplir las ordenanzas municipales que prohíben beber en espacios públicos, ha optado por retirar las sanciones si los jóvenes se comprometen a mantener el programa que “ellos mismos han creado espontáneamente” bajo la tutela del dinamizador juvenil en Can Carrencà.
El peligro de la burocracia.
Tal es el grado de implicación de los adolescentes tras su acto público de contrición que para fidelizar su relación han organizado una liga de fútbol-sala en la que han implicado a un gran número de jóvenes de Canovelles al que seguirá un gran torneo de fútbol. Hasta 60 muchachos de todas las etnias y nacionalidades que conviven en el Vallès Oriental competirán en actividades deportivas dejando al margen sus diferencias raciales.
Pero los logros que han obtenido los pandilleros con el diálogo, la buena voluntad y la implicación de todos los sectores sociales de Canovelles lo puede eliminar la burocracia. Los jóvenes de Can Carrencà ya han anunciado que no están dispuestos a permitir que su esfuerzo no tenga continuidad y han exigido que quien les ha unido, el dinamizador juvenil, Joan Carles Tapia, que depende de un programa de la Diputació de Barcelona que concluye en unos días “no nos abandone ahora” por lo que advierten que “ahora la pelota está en el tejado de la administración “…
¿ Es o no es una buena noticia ?…

Categorías:Crítica
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